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La Soberanía Alimentaria es responsabilidad de cada uno

Para el último episodio de la serie Hope! de Javier Peña, el pasado 23 de enero de 2026, invitamos a Alina Noé, una persona muy comprometida con el medioambiente y con la equidad social, el bienestar, las relaciones comerciales entre países occidentales y países del Sur Global, y un sinfín de cuestiones importantes que ponen en entredicho el equilibrio de nuestra sociedad. Hemos querido hacer un resumen de sus aportes al coloquio para transmitir sus conocimientos y sus consejos sobre cómo consumir de forma lo más sostenible posible sin caer en la eco-depresión, frustración o sentimiento de culpa.

Alina Noé Bregains se ha incorporado recientemente a WWF España en calidad de coordinadora técnica de proyectos en el Programa de Alimentos Sostenibles. Cuenta con más de 10 años de experiencia en Cooperación al Desarrollo Internacional y Educacional para la Transformación Social. Ha desarrollado proyectos en ámbitos como: Soberanía Alimentaria, Justicia Climática, Desarrollo Rural, Salud, Género y Feminismos, Derechos Humanos. Su misión es caminar la transición ecológica hacia sociedades inclusivas, equitativas, justas y sostenibles.

Alina, desde hace pocos meses trabajas en WWF pero llevabas muchos años en cooperación internacional en países de América Latina y África. ¿Es un cambio brutal o es la continuación natural de todo lo anterior?

Diría que es un “continuar” aportando y aprendiendo desde diferentes perspectivas. 

En el ámbito de la cooperación internacional al desarrollo he trabajado en la coordinación de proyectos en diversos territorios de África (Marruecos, Senegal, Mali y Mauritania) y América Latina (Colombia y Bolivia), principalmente en la articulación del movimiento campesino, la promoción de la soberanía alimentaria, la integración de la perspectiva género, el feminismo campesino y popular y la defensa de los derechos humanos.

Desde que me incorporé a WWF estoy trabajando en un ámbito nuevo para mí: la conservación del medio ambiente, como principal enfoque de trabajo. En concreto, formo parte del Programa de Alimentos, donde implementamos proyectos en el estado español para promover sistemas alimentarios sostenibles. Dentro del departamento de Conservación existen diferentes equipos (Aguas, Bosques, Especies, etc.), y yo trabajo en el equipo de Programas de Alimentos, que impulsa políticas agrarias y su aplicación en el estado español para lograr condiciones productivas sostenibles, justas y equitativas para el sector agrícola, al que, por cierto, debemos rendir homenaje y reconocimiento. 

¿Qué es lo que más te gusta de WWF?

Llevo poco tiempo, pero lo que me parece muy interesante y valoro mucho, es que WWF trabaja muy cerca de la comunidad científica y que además toma en cuenta la perspectiva humana de los problemas en los que trabaja, buscando la generación de alianzas.

¿Cómo definirías la Soberanía Alimentaria?

“Soberanía” es tomar responsabilidad sobre la vida de uno mismo, es una palabra que me parece muy potente y bella desde diferentes perspectivas: soberanía de la vida, del cuerpo, de los vínculos… En concreto “Soberanía Alimentaria” es un término acuñado por el movimiento Vía Campesina en Roma en 1996 en la FAO, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura. Según su definición, es “el derecho de los pueblos y las naciones a definir sus propias políticas agrícolas y alimentarias, priorizando la producción local y el acceso a alimentos saludables y culturalmente apropiados». Es una propuesta política y ética que busca transformar el sistema agroalimentario global, pero no tiene un respaldo jurídico universal obligatorio. Son los Movimientos sociales y académicos que los proponen (especialmente La Vía Campesina) porque opinan que debería ser un derecho, del mismo modo que lo es el derecho a la alimentación. En esta base, proponen reformas significativas en el sistema agroalimentario mundial para controlar su propio sistema alimentario y no depender de las importaciones y de la agricultura industrial que es insostenible y perjudicial para el medio ambiente y la salud.

Os invitamos a preguntaros ¿Nosotros tenemos soberanía alimentaria, en España?

Esto equivale a plantearse cuánto podemos decidir sobre nuestro modelo de producción, distribución y consumo. Teniendo en cuenta que el sistema alimentario se compone de muchos actores en cada etapa de la cadena que va desde la producción hasta llegar a nuestras mesas, el control sobre la sostenibilidad y la equidad es algo complejo e intenso, objeto de mucho trabajo para organizaciones como WWF. Sostenibilidad se entiende en términos ecológico, económico y social. La parte social es importante, yo la defino como justicia social. En este punto me gustaría subrayar la importancia del lenguaje que utilizamos porque es lo que construye nuestro pensamiento e imaginario colectivo. Por ejemplo, cuando nos referimos a Sostenibilidad pero también a Justicia Climática mejor que Cambio Climático, o a la forma de diferenciar lo que antes llamábamos “Países del primer mundo” en contraste con los “Países del tercer mundo”. Ahora ya nos referimos mejor para ser más justos, al “Sur Global” y “Norte Global”, porque en nuestro territorio también hay poblaciones vulnerables o a “países empobrecidos y países enriquecidos” porque implica una relación entre las diferentes partes.

Hablando del peso y del valor de las palabras elegidas para expresarse o comunicar en la prensa, de paso sé que te importa mucho el tema de la información que nos puede llegar tergiversada, incluso falsificada. Ahora mismo existe mucho debate sobre el Calentamiento Global y la necesaria transformación de nuestros hábitos, con mucha información y muchos oportunismos para sacar partido de la situación, ¿tú qué opinas?

Totalmente. Me parece que en la era de mayor acceso y disponibilidad de información estamos en la paradoja de estar cada vez más desinformados. Se está jugando mucho con los términos y las tendencias y nos están confundiendo. Justamente aquí entra en línea de cuenta la Soberanía, porque cada uno decide hasta qué punto acepta ser manipulado o no. Creamos “modas de consumo” sin comprender bien lo que implica. Desde mi punto de vista, el trabajo nuestro consiste en despertar la conciencia, la curiosidad, la capacidad crítica para limitar esta vulnerabilidad. Por ejemplo, para mermar tu huella de carbono no necesariamente debes hacerte vegano. Es cierto que la producción de carne es muy dañina para el medio ambiente, pero consumir quinoa que viene desde miles de kilómetros tampoco resolverá el problema…importa comer alimentos de temporada, conocer el origen, favorecer que sean de proximidad, que no vengan de macro granjas o macro industria, de producción ecológica o favorable a la naturaleza, etc.… son muchos los factores. En este sentido creo que como ciudadanos es importante que profundicemos en los procesos, que leamos más allá de un slogan, dialoguemos, generemos debate, busquemos fuentes fiables para intentar dar comprensión amplia a problemas complejos que no se resuelven con soluciones simples y que requieren un cambio de acciones por nuestra parte.

Otro problema que veo es la tergiversación y politización de la información y es que los poderes buscan confrontarnos con una polarización (radicalismo) y creando conflictos entre el campo, la sociedad y las administraciones. Hay mucho odio, mucha confrontación creada a partir de información manipulada o bulos… y eso es una estrategia clara política que juega en nuestra contra.

¿Queremos entrar en este juego o queremos evitar el conflicto llevando la transformación desde el sentir y pensar de forma positiva? Yo prefiero el diálogo a la confrontación. Y alimentar como decía Eduardo Galeano el “Sentipensar”.

Justamente, en alguna ocasión has mencionado los problemas del campo y los conflictos generados por temas de recursos, reparto de riqueza, relaciones internacionales. Hablemos un poco del problema de la agricultura industrial y de su crítica. Las cifras son muy reveladoras de lo que contamina y deteriora el medioambiente. ¿Qué nos puedes decir sobre ello?

Desde la Revolución Verde, que todo el mundo conoce como el periodo de aceleración de la producción agrícola entre los años 1960 a 1980 aproximadamente, la agricultura ayudada por la tecnología de maquinarias y la química (fertilizantes y pesticidas -agroquímicos de síntesis-) se ha convertido en el responsable del 30% de las emisiones de efecto invernadero y del 75% de la deforestación, con un alto riesgo de estrés hídrico en los acuíferos. La comida ha pasado de ser un derecho común a ser un instrumento político, que forma parte de un sistema a nivel estatal y mundial, que aventaja muchísimo a los grandes productores de agricultura industrial en detrimento de los más pequeños que promueven otros tipos de agricultura. También estamos hablando de un sector envejecido, con problemas de relevo generacional, y muy patriarcal, -como dato: tan solo el 29% de las mujeres agricultoras son titulares de explotaciones agrarias, aún siendo más del 50% de la fuerza del trabajo en el campo-. Esto lo queremos cambiar desde las organizaciones sociales, como en la organización en la que estoy, aunque implique mucho trabajo revertir, y también por otras vías como el ecofeminismo y otros muchos colectivos, activistas e iniciativas que han ido surgiendo desde los años 70.

¿Qué podemos hacer a nivel individual para intentar revertir el sistema, es buena idea tener una huerta, promover huertas comunitarias en el municipio, por ejemplo?

Tener una huerta es fantástico, y mejor aún una huerta comunitaria, pero no está al alcance ni en el interés de todo el mundo. Con lo que haces cada día, apoyando a pequeños agricultores, comprando en tiendas locales de producción de proximidad, haciendo lo que puedes, está bien. Buscar la manera también de conectar con la naturaleza (cuidar plantas, etc. para crear otra relación con ella y no verla como un “objeto de consumo”. Lo importante es sentirse bien, aunque lo que haces te pueda parecer poco. Una buena idea también, es construirnos en comunidad donde cada uno ofrece unos servicios especializados a la sociedad y apoya a otros desde una visión de equidad, justicia y sostenibilidad ambiental, social y económica. 

En mi formación de agricultura biodinámica tuve la oportunidad de trabajar en un pueblo segoviano de 14 habitantes dónde pude entender los procesos de cómo producir alimentos. Fue muy transformadora la experiencia por el aprendizaje de dónde viene lo que comemos, de la dificultades, de la complejidad, pero entiendo que no todo el mundo puede hacerlo. Soberano, puedes ser en una comunidad, desde tu rol en ella, en cualquier tipo de trabajo o lugar dónde estés en el que contribuyes al cuidado y bienestar de las personas y el entorno. También el hecho de leer etiquetas, entender la procedencia de los alimentos, ser consciente de cómo y dónde han sido producidos, sin caer en la trampa de las modas como pueden ser los productos veganos ultraprocesados que no son buenos ni para la salud ni para el medioambiente. Son muchos factores implícitos, es necesario ser coherente y usar el juicio crítico, no caer en simplismos. Si ayudo comiendo carne, a un productor local que protege sus montes y bosques, prefiero hacerlo que ir a comprar un plato preparado vegano que viene de no sé dónde y que no es ni natural ni sostenible en ningún aspecto, sin hablar de los envases del producto y del transporte.

Además de los beneficios implícitos en la Soberanía Alimentaria está el placer de profundizar en cuestiones como la calidad y variedades comestibles, intercambiar semillas e información, y el crear conexiones con personas con las que se construyen círculos de conocimiento. Justamente se descubren cosas como la falta de elección a la hora de consumir, en los lineales del supermercado, según algunos de los asistentes al debate. En este punto, Alina recoge la idea:

Me gusta mucho esta reflexión, y en relación con la falta de diversidad de variedades de fruta y verduras, es evidente que nos limitan muchísimo. Por ejemplo, sólo conocemos un tipo de zanahoria. Por otro lado, ¿no te parece sospechoso que las frutas y verduras estén perfectas, todas del mismo tamaño y aspecto?. En el campo esto dista mucho de ser así. Una cuestión en la que estamos trabajando ahora mismo es el estudio del desperdicio alimentario, con una iniciativa catalana llamada Fundación Espigolador, visto en uno de los episodios de la Serie Hope, que consiste en recuperar toda la verdura que no es aceptada por la distribución por criterios estéticos o de tamaño, para ser cocinada y servida en comedores escolares. Esta fundación no sólo crea empleo social, sino que reduce drásticamente el desperdicio y ofrece alimentos de primera calidad a los niños y las niñas. 

Hay que recordar que, de forma global, un 30% de los alimentos se desperdicia a nivel global, a pesar del hambre que todavía tortura a una persona de cada doce en el mundo, cinco de ellas en África. Pero la Soberanía Alimentaria también habla de mala alimentación. Se sufre de exceso de alimentos o más bien, de la ingesta de alimentos muy tóxicos a largo plazo. Esto también es un foco importante de trabajo, para dar a todo el mundo acceso a alimentación de calidad.

¿Alina, cómo vamos a nivel europeo? ¿Cuál es la tendencia a nivel de la PAC? ¿Vamos progresando?

No soy especialista en la materia, pero puedo compartir algunas pinceladas. La PAC se revisa cada cinco años. En el 2012 se introdujeron bastantes mejoras y desde entonces la tendencia ha sido positiva. Sin embargo, estamos viviendo tendencias políticas y conflictos muy adversos para el progreso hacia la equidad y sostenibilidad. Podría decir que ahora que se está revisando un nuevo ciclo de 5 años, se están destruyendo los progresos duramente conseguidos desde el 2012. Los grandes productores y las grandes empresas petroquímicas, fabricantes pesticidas y fertilizantes y de semillas transgénicas, siguen siendo lobbies muy poderosos que hacen que la mayor parte de las subvenciones sigan yendo a los mismos de siempre. Y es que el sector agrícola recibe vía la PAC la mayor parte de las ayudas de la Comunidad Europea, por eso atrae el interés de los grandes y poderosos que intentan quedarse con la mayor parte posible del pastel. 

Sin embargo, hay plataformas como “Coalición por otra PAC”, formada por actores del sector agrario y social implicados a nivel político que hacen presión para que se introduzcan medidas y normativas de agricultura ecológica, promover agricultura favorable a la naturaleza, permitir el acceso a nuevas generaciones, y favorecer la titularidad de propiedad a mujeres que han trabajado desde siempre en el campo. En Cataluña por ejemplo hasta hace muy poco no se permitía la herencia de propiedad de hombre a hija. Y sin embargo, la mujer tiene una importancia vital en la forma de alimentar a los niños, las niñas y forman el 50% de la fuerza de trabajo en el campo agrario. 

Pero no sólo se debería cambiar el criterio de superficie para las ayudas de la PAC, sino que se debería tomar en cuenta y ayudar al proceso de transformación para pasar de la agricultura convencional, es decir industrial, a ecológica, porque lleva muchos costes de adaptación, depuración y controles, durante varios años. Ayudar a los que quieren hacer la transformación, y penalizar a los que contaminan. Ahora lo que pasa es que los grandes productores que pueden tener acceso a tecnología avanzada y equipamiento para riegos más eficientes, en vez de revertir el agua al cauce de los ríos, en muchos casos, lo utilizan para mejorar sus cuentas de resultados o de otra manera. Ganan en todas las partidas, pero el medio ambiente nunca.

Entonces volvemos a la conclusión de que la decisión de consumo es de cada uno, ¿verdad?

Sí, importante es nuestra decisión de compra prefiriendo siempre el pequeño productor, pero también es importante sentirse bien con lo que uno hace y consume. En esto hace referencia a la fundadora del concepto de Ecología Profunda, Joanna Macy, que nos invita a reflexionar en nuestra relación y responsabilidad en relación con los demás seres vivos, a través de lo que consumimos, en el sentir y actuar en coherencia con nosotros mismos y en harmonía con la Naturaleza. Creo que debemos trabajar con el concepto de Soberanía desde una misma, y desde la empatía hacía los que están en posiciones más desfavorables en materia de alimentación. Sin olvidar gestionar nuestra frustración causada por el dilema existencial de ser coherente al cien por cien con tu voluntad de minimizar tu huella de carbono. La perfección no es posible y cada uno hace lo que puede.

¿Una reflexión final, para terminar?

Sí, me gustaría subrayar la importancia de no creer en los bulos sobre la Agenda 2030 supuestamente “conspiracionista”. Los objetivos fijados con mucho esfuerzo por muchos países y a pesar de la reticencia y mala voluntad de algunos, son esenciales para que se pueda conseguir que la temperatura del planeta se mantenga debajo de 1,5ºC, entre otras cuestiones. No se puede poner en cuestión la crisis climática por acción antropogénica, cuando la comunidad científica ha comprobado de forma unánime que es cierta y la mide de cerca porque es lo más importante y urgente ahora mismo. Me preocupa muchísimo la falsa información, los bulos que hacen que volvamos atrás en todo lo conseguido. No podemos permitirlo.

Alina Noe en el sexto episodio de la serie Hope! en Colmenarejo, con Coralie Marty de Proyecto Verde

«El liderazgo de hoy impactará las generaciones futuras»

Una entrevista a Marisa Selfa sobre la necesaria transformación de la industria textil 

La esperanza es lo último que se debe perder. Lo hemos vuelto a comprobar en el episodio 5 de la serie Hope! de Javier Peña, el pasado 16 de enero. Pero en esta ocasión, como premio tuvimos el placer de contar con la presencia de Marisa Selfa, ejecutiva y emprendedora del sector textil, convencida de que este sector debe cambiar radicalmente por su impacto en el medioambiente. Contamos con su testimonio en el debate posterior a la visualización, y aprendimos igual o más que del episodio.

Marisa Selfa cuenta con más de 25 años en puestos directivos de empresas como Levi’s, Adidas o Timberland. Comenzó a impulsar la sostenibilidad en el sector textil siendo CEO de National Geographic Retail. Posteriormente lideró Ecoalf y North Sails Apparel, aplicando en ambas empresas modelos de economía circular y estrategias de impacto positivo para el Océano. Hoy en día es fundadora de The Impact Legacy, Una plataforma dedicada a crear empresas con impacto ambiental y social. Su primer proyecto, Impact Tailors, ofrece uniformes y merchandising sostenibles para empresas comprometidas.
También es Presidente de Ocean Bottle, además de su actividad como conferenciante internacional, inspirando a líderes a integrar la sostenibilidad en la estrategia empresarial. Participa habitualmente en foros internacionales y escuelas de negocio, donde invita a líderes a replantear el papel de las empresas como motor de cambio positivo.

¿Marisa, te preocupa mucho el Planeta pero parece que el Océano tiene una especial importancia para ti, cuéntanos por qué?

El océano debería ser importante para todos… No hay un planeta sano sin un océano sano. Te resumo 4 razones de peso:

1. El océano nos da oxígeno: produce alrededor del 50 % del oxígeno que respiramos, gracias al fitoplancton marino. 

2. Regula el clima del planeta: absorbe más del 90 % del exceso de calor generado por el cambio climático, y además captura alrededor del 25–30 % del CO₂ que emitimos cada año.

Sin el océano, el calentamiento global sería mucho más rápido y extremo.

3. Es el mayor ecosistema del planeta: cubre más del 70 % de la superficie de la Tierra y alberga el 80 % de la vida del planeta, gran parte aún desconocida.

4. Es clave para la salud humana: muchos medicamentos actuales y futuros (tratamientos contra el cáncer, antibióticos, antiinflamatorios) provienen de organismos marinos.

El océano ha absorbido tanta contaminación que se ha vuelto un sistema en estrés:

  • más del 30 % del CO₂ absorbido ha provocado acidificación,
  • el calentamiento está destruyendo arrecifes de corales y las posidonias.
  • y millones de toneladas de plástico entran cada año al mar destruyendo la biodiversidad.

Ocean Bottle, entiendo que es un ejemplo claro de Impacto Positivo para los océanos. Cuéntanos, en qué consiste esta organización.

Ocean Bottle es una empresa de impacto ambiental y social que ha redefinido lo que significa hacer sostenibilidad desde el corazón de un negocio. Nació con una misión simple, pero ambiciosa: detener los plásticos antes de que lleguen a nuestros océanos y, al mismo tiempo, crear oportunidades económicas para comunidades costeras vulnerables.

¿Cómo lo hace? Cada vez que se vende una Ocean Bottle, esa compra financia la recogida del equivalente a 1 000 botellas de plástico oceánico por peso — alrededor de 11,4 kg de plástico que de otro modo terminarían en el mar.

Este modelo no es sólo ambiental: es socialmente transformador. Trabajan con redes de recolección locales en comunidades en países como Indonesia, India, Ghana o Kenia, donde las personas que recogen ese plástico reciben ingresos justos y acceso a servicios como atención sanitaria o educación.

Hasta la fecha, esta iniciativa ha ayudado a prevenir que miles de millones de botellas de plástico lleguen al océano — cifras que demuestran que un producto de consumo puede convertirse en una palanca global de cambio. Son más de 2.200 millones de botellas de plástico antes de que lleguen al océano, lo que corresponde a más de 25 millones de kilos de plástico recogidos, y hemos apoyado a casi 10 000 recolectores y sus comunidades en todo el mundo.

Este compromiso tuyo con el medio ambiente se hizo fuerte cuando estabas trabajando como CEO National Geographic Retail. ¿Qué pasó? ¿Cómo te vino?

Mi punto de inflexión llegó cuando trabajando para una marca cuya razón de ser era explorar, proteger y contar la verdad sobre el planeta, yo formaba parte del sector el textil que estaba contribuyendo silenciosamente a su degradación.

Este sector es responsable del 8-10% de las emisiones globales. Esta proporción es comparable a las emisiones combinadas del transporte marítimo de mercancías.

En Chile, el desierto de Atacama se ha convertido en uno de los vertederos más conocidos de ropa desechada. El modelo de producción y consumo de ropa rápida («fast fashion») ha generado un enorme volumen de residuos y contaminación. Cada año se producen alrededor de 80-100 mil millones de prendas y las industrias saben de antemano que no lo venderán todo. Y ahora que las miradas están fijadas en Atacama, el siguiente en ser invadido de residuos es Ghana, con más de 15 millones de toneladas cada semana, lo que le convierte en primer importador del mundo de «ropa de blancos muertos, obroni wawu», como lo llaman ellos. Pero es tan solo un ejemplo, hay muchos más países vertederos textiles.

En cuánto al gasto de agua del sector, es un auténtico derroche. Se calcula que en total, consume 215 billones de litros de agua al año, equivalente a 86 millones de piscinas olímpicas, y genera el 9% de los microplásticos que contaminan los océanos Fuente 

Y si eso os parece lejano en cuanto a qué podeis hacer, os diré que una camiseta de algodón, de las que todos tenemos tantas, consume una media de 2.700 litros de agua, el equivalente a lo que una persona bebe en 3.5 años.

En fin, entendiendo todos estos datos, viajando a fábricas, trabajando las cadenas de suministro, viendo de primera mano el uso intensivo de agua, los químicos, la precariedad laboral, el volumen absurdo de producción… me di cuenta de que la moda y el retail no eran inocentes.

Ahí se produjo una disonancia muy fuerte: no podía liderar una marca con un discurso de conservación hacia fuera y no cuestionar el impacto real de lo que poníamos en el mercado. Ese fue el momento en el que entendí que la sostenibilidad no podía ser un ‘añadido’, ni una colección cápsula, ni marketing. Tenía que ser una decisión estratégica y personal. Y ahí dije «Basta»… es hora de cambiar radicalmente.

¿Y entonces qué pasó? Tus siguientes proyectos involucraron cambios en la forma de producir, y/o de compensar el impacto del textil?

A partir de entonces en todos los proyectos que he liderado como ECOALF o NORTH SAILS, siempre he trabajado la moda de la manera más responsable posible y al mismo tiempo he intentado involucrarme en proyectos de regeneración ambiental, sobretodo con el océano. Uno de mis favoritos fué la plantación de corales con la organización Coral Gardeners.

¿Cuáles son los textiles menos contaminantes a la hora de consumir?¿Qué nos aconsejarías como consumidores?

La pregunta no es solo qué tejido compramos, sino cuánto, cómo y a quién se lo compramos.

No existe el “textil perfecto”, pero sí existen decisiones mucho menos dañinas para las personas y para el planeta.

Los textiles menos contaminantes son, en general:

  • Fibras naturales no mezcladas (algodón orgánico, lino, cáñamo, lana responsable), porque son más fáciles de reciclar y no liberan microplásticos.
  • Materiales de bajo consumo hídrico, como el lino o el cáñamo, frente al algodón convencional, extremadamente intensivo en agua y pesticidas.
  • Textiles producidos localmente o en circuitos cortos, donde hay trazabilidad, control ambiental y condiciones laborales dignas.
  • Y, cada vez más, materiales reciclados bien gestionados, siempre que no sean mezclas imposibles de volver a reciclar.

Pero si de verdad queremos hablar de impacto, el mayor acto sostenible no es elegir mejor, sino consumir menos. Intercambiar ropa. Reutilizar. Reparar. Reformar lo que ya tenemos.

Eso es, hoy, radicalmente transformador. Porque el gran problema del sistema textil no es solo el material: es el modelo.

Durante las últimas décadas hemos normalizado la moda ultrarrápida, basada en precios artificialmente bajos y rotación constante. Un sistema que se sostiene sobre explotación humana, a veces infantil, y una presión brutal sobre los ecosistemas.

Basta recordar el colapso del edificio Rana Plaza en Bangladesh en 2013, que dejó 1.100 muertos y más de 2.500 personas heridas, fabricando ropa para marcas globales. No fue un accidente aislado, sino la consecuencia directa de un modelo que prioriza el precio sobre la vida.

Grandes grupos como Inditex, H&M, C&A, Gap o las nuevas plataformas de ultra-fast fashion como Shein y Temu, externalizan gran parte de su producción a países donde los salarios textiles están muy por debajo de un salario digno y los controles ambientales son mínimos.
El resultado: prendas baratas, satisfacción inmediata… y un coste humano y climático que no vemos.

Y ese modelo tiene un impacto directo en el calentamiento global, en la contaminación del agua, del aire y en nuestra propia salud.

Por eso, como consumidores, mi consejo es muy claro:

1. Huye del precio sospechosamente barato. Alguien está pagando ese descuento.

2. Prefiere prendas monomateriales, más duraderas y reciclables.

3. Compra menos, pero mejor. Calidad, no cantidad.

4. Apoya marcas y comercios responsables, que puedan explicarte cómo, dónde y con qué se ha hecho tu ropa.

Y recordemos siempre que “dónde pones tu tarjeta de crédito, es tu voto por el futuro que deseas”.

Y entonces, ahora con tu nuevo proyecto «The Impact Legacy», quieres ayudar a otras iniciativas responsables. Cuéntanos más…

The Impact Legacy, es una plataforma que albergará distintos proyectos de impacto. 

Impact Tailors es la primera empresa bajo esta plataforma cuya visión es revolucionar la industria textil de uniformes profesionales y merchandinsing haciéndolos lo más sostenibles posibles, recogiendo uniformes antiguos que no acaben en vertederos y colaborando con 1% for the Planet, apoyando proyectos de regeneración. 

Los uniformes son igual de terribles para el planeta que la moda. De hecho incluso peor ya que todos podemos decidir comprarnos menos ropa, pero los uniformes son obligatorios, se utilizan una media de 5 días a la semana al menos 8 horas, y no son reutilizables al final de su vida. Y abarca todas las industrias: Hoteles, Sanitario, Turismo, Entretenimiento, Educación…

Lanzaré Impact Legacy Podcast en Febrero. Este será un espacio para «voces valientes con mensajes e ideas de impacto». No quiero hablar de mi, quiero hablar de cómo podemos encender el deseo en todos los que nos escuchan en cambiar el status-quo y que todos nos ayudemos y comprometamos a crear un impacto positivo. Cada uno lo que pueda. Pero que avancemos. Siempre centrándonos en el PROGRESO y no en la PERFECCIÓN.

No somos espectadores del planeta, somos parte del sistema. y cuando lo entiendes de verdad, el impacto deja de ser una opción y se convierte en una responsabilidad.

Creo profundamente que estamos en un momento de decisión. El tipo de liderazgo que ejerzamos hoy definirá el mundo que heredarán las próximas generaciones. Y si algo quiero dejar como legado, es la prueba de que se pueden hacer negocios y crear empresas con conciencia, con impacto y con humanidad.