Una entrevista a Marisa Selfa sobre la necesaria transformación de la industria textil
La esperanza es lo último que se debe perder. Lo hemos vuelto a comprobar en el episodio 5 de la serie Hope! de Javier Peña, el pasado 16 de enero. Pero en esta ocasión, como premio tuvimos el placer de contar con la presencia de Marisa Selfa, ejecutiva y emprendedora del sector textil, convencida de que este sector debe cambiar radicalmente por su impacto en el medioambiente. Contamos con su testimonio en el debate posterior a la visualización, y aprendimos igual o más que del episodio.
Marisa Selfa cuenta con más de 25 años en puestos directivos de empresas como Levi’s, Adidas o Timberland. Comenzó a impulsar la sostenibilidad en el sector textil siendo CEO de las tiendas National Geographic Retail. Posteriormente lideró Ecoalf y North Sails Apparel, aplicando en ambas empresas modelos de economía circular y estrategias de impacto positivo para el Océano. Hoy en día es fundadora de The Impact Legacy, Una plataforma dedicada a crear empresas con impacto ambiental y social. Su primer proyecto, Impact Tailors, ofrece uniformes y merchandising sostenibles para empresas comprometidas.
También es Presidente de Ocean Bottle, además de su actividad como conferenciante internacional, inspirando a líderes a integrar la sostenibilidad en la estrategia empresarial. Participa habitualmente en foros internacionales y escuelas de negocio, donde invita a líderes a replantear el papel de las empresas como motor de cambio positivo.
Marisa, te preocupa mucho el Planeta pero parece que el Océano tiene una especial importancia para ti, cuéntanos por qué
El océano debería ser importante para todos… No hay un planeta sano sin un océano sano. Te resumo 4 razones de peso:
1. El océano nos da oxígeno: produce alrededor del 50 % del oxígeno que respiramos, gracias al fitoplancton marino.
2. Regula el clima del planeta: absorbe más del 90 % del exceso de calor generado por el cambio climático, y además captura alrededor del 25–30 % del CO₂ que emitimos cada año.
Sin el océano, el calentamiento global sería mucho más rápido y extremo.
3. Es el mayor ecosistema del planeta: cubre más del 70 % de la superficie de la Tierra y alberga el 80 % de la vida del planeta, gran parte aún desconocida.
4. Es clave para la salud humana: muchos medicamentos actuales y futuros (tratamientos contra el cáncer, antibióticos, antiinflamatorios) provienen de organismos marinos.
El océano ha absorbido tanta contaminación que se ha vuelto un sistema en estrés:
- más del 30 % del CO₂ absorbido ha provocado acidificación,
- el calentamiento está destruyendo arrecifes de corales y las posidonias.
- y millones de toneladas de plástico entran cada año al mar destruyendo la biodiversidad.
Ocean Bottle, entiendo que es un ejemplo claro de Impacto Positivo para los océanos. Cuéntanos, en qué consiste esta organización.
Ocean Bottle es una empresa de impacto ambiental y social que ha redefinido lo que significa hacer sostenibilidad desde el corazón de un negocio. Nació con una misión simple, pero ambiciosa: detener los plásticos antes de que lleguen a nuestros océanos y, al mismo tiempo, crear oportunidades económicas para comunidades costeras vulnerables.
¿Cómo lo hace? Cada vez que se vende una Ocean Bottle, esa compra financia la recogida del equivalente a 1 000 botellas de plástico oceánico por peso — alrededor de 11,4 kg de plástico que de otro modo terminarían en el mar.
Este modelo no es sólo ambiental: es socialmente transformador. Trabajan con redes de recolección locales en comunidades en países como Indonesia, India, Ghana o Kenia, donde las personas que recogen ese plástico reciben ingresos justos y acceso a servicios como atención sanitaria o educación.
Hasta la fecha, esta iniciativa ha ayudado a prevenir que miles de millones de botellas de plástico lleguen al océano — cifras que demuestran que un producto de consumo puede convertirse en una palanca global de cambio. Son más de 2.200 millones de botellas de plástico antes de que lleguen al océano, lo que corresponde a más de 25 millones de kilos de plástico recogidos, y hemos apoyado a casi 10 000 recolectores y sus comunidades en todo el mundo.
Este compromiso tuyo con el medio ambiente se hizo fuerte cuando estabas trabajando como CEO National Geographic Retail. ¿Qué pasó? ¿Cómo te vino?
Mi punto de inflexión llegó cuando trabajando para una marca cuya razón de ser era explorar, proteger y contar la verdad sobre el planeta, yo formaba parte del sector el textil que estaba contribuyendo silenciosamente a su degradación.
Este sector es responsable del 8-10% de las emisiones globales. Esta proporción es comparable a las emisiones combinadas del transporte marítimo de mercancías.
En Chile, el desierto de Atacama se ha convertido en uno de los vertederos más conocidos de ropa desechada. El modelo de producción y consumo de ropa rápida («fast fashion») ha generado un enorme volumen de residuos y contaminación. Cada año se producen alrededor de 80-100 mil millones de prendas y las industrias saben de antemano que no lo venderán todo. Y ahora que las miradas están fijadas en Atacama, el siguiente en ser invadido de residuos es Ghana, con más de 15 millones de toneladas cada semana, lo que le convierte en primer importador del mundo de «ropa de blancos muertos, obroni wawu», como lo llaman ellos. Pero es tan solo un ejemplo, hay muchos más países vertederos textiles.
En cuánto al gasto de agua del sector, es un auténtico derroche. Se calcula que en total, consume 215 billones de litros de agua al año, equivalente a 86 millones de piscinas olímpicas, y genera el 9% de los microplásticos que contaminan los océanos * Fuente
Y si eso os parece lejano en cuanto a qué podeis hacer, os diré que una camiseta de algodón, de las que todos tenemos tantas, consume una media de 2.700 litros de agua, el equivalente a lo que una persona bebe en 3.5 años.
En fin, entendiendo todos estos datos, viajando a fábricas, trabajando las cadenas de suministro, viendo de primera mano el uso intensivo de agua, los químicos, la precariedad laboral, el volumen absurdo de producción… me di cuenta de que la moda y el retail no eran inocentes.
Ahí se produjo una disonancia muy fuerte: no podía liderar una marca con un discurso de conservación hacia fuera y no cuestionar el impacto real de lo que poníamos en el mercado. Ese fue el momento en el que entendí que la sostenibilidad no podía ser un ‘añadido’, ni una colección cápsula, ni marketing. Tenía que ser una decisión estratégica y personal. Y ahí dije «Basta»… es hora de cambiar radicalmente.
¿Y entonces qué pasó? Tus siguientes proyectos involucraron cambios en la forma de producir, y/o de compensar el impacto del textil?
A partir de entonces en todos los proyectos que he liderado como ECOALF o NORTH SAILS, siempre he trabajado la moda de la manera más responsable posible y al mismo tiempo he intentado involucrarme en proyectos de regeneración ambiental, sobretodo con el océano. Uno de mis favoritos fué la plantación de corales con la organización Coral Gardeners.
¿Cuáles son los textiles menos contaminantes a la hora de consumir?¿Qué nos aconsejarías como consumidores?
La pregunta no es solo qué tejido compramos, sino cuánto, cómo y a quién se lo compramos.
No existe el “textil perfecto”, pero sí existen decisiones mucho menos dañinas para las personas y para el planeta.
Los textiles menos contaminantes son, en general:
- Fibras naturales no mezcladas (algodón orgánico, lino, cáñamo, lana responsable), porque son más fáciles de reciclar y no liberan microplásticos.
- Materiales de bajo consumo hídrico, como el lino o el cáñamo, frente al algodón convencional, extremadamente intensivo en agua y pesticidas.
- Textiles producidos localmente o en circuitos cortos, donde hay trazabilidad, control ambiental y condiciones laborales dignas.
- Y, cada vez más, materiales reciclados bien gestionados, siempre que no sean mezclas imposibles de volver a reciclar.
Pero si de verdad queremos hablar de impacto, el mayor acto sostenible no es elegir mejor, sino consumir menos. Intercambiar ropa. Reutilizar. Reparar. Reformar lo que ya tenemos.
Eso es, hoy, radicalmente transformador. Porque el gran problema del sistema textil no es solo el material: es el modelo.
Durante las últimas décadas hemos normalizado la moda ultrarrápida, basada en precios artificialmente bajos y rotación constante. Un sistema que se sostiene sobre explotación humana, a veces infantil, y una presión brutal sobre los ecosistemas.
Basta recordar el colapso del edificio Rana Plaza en Bangladesh en 2013, que dejó 1.100 muertos y más de 2.500 personas heridas, fabricando ropa para marcas globales. No fue un accidente aislado, sino la consecuencia directa de un modelo que prioriza el precio sobre la vida.
Grandes grupos como Inditex, H&M, C&A, Gap o las nuevas plataformas de ultra-fast fashion como Shein y Temu, externalizan gran parte de su producción a países donde los salarios textiles están muy por debajo de un salario digno y los controles ambientales son mínimos.
El resultado: prendas baratas, satisfacción inmediata… y un coste humano y climático que no vemos.
Y ese modelo tiene un impacto directo en el calentamiento global, en la contaminación del agua, del aire y en nuestra propia salud.
Por eso, como consumidores, mi consejo es muy claro:
1. Huye del precio sospechosamente barato. Alguien está pagando ese descuento.
2. Prefiere prendas monomateriales, más duraderas y reciclables.
3. Compra menos, pero mejor. Calidad, no cantidad.
4. Apoya marcas y comercios responsables, que puedan explicarte cómo, dónde y con qué se ha hecho tu ropa.
Y recordemos siempre que “dónde pones tu tarjeta de crédito, es tu voto por el futuro que deseas”.
Y entonces, ahora con tu nuevo proyecto «The Impact Legacy», quieres ayudar a otras iniciativas responsables. Cuéntanos más…
The Impact Legacy, es una plataforma que albergará distintos proyectos de impacto.
Impact Tailors es la primera empresa bajo esta plataforma cuya visión es revolucionar la industria textil de uniformes profesionales y merchandinsing haciéndolos lo más sostenibles posibles, recogiendo uniformes antiguos que no acaben en vertederos y colaborando con 1% for the Planet, apoyando proyectos de regeneración.
Los uniformes son igual de terribles para el planeta que la moda. De hecho incluso peor ya que todos podemos decidir comprarnos menos ropa, pero los uniformes son obligatorios, se utilizan una media de 5 días a la semana al menos 8 horas, y no son reutilizables al final de su vida. Y abarca todas las industrias: Hoteles, Sanitario, Turismo, Entretenimiento, Educación…
– Lanzaré Impact Legacy Podcast en Febrero. Este será un espacio para «voces valientes con mensajes e ideas de impacto». No quiero hablar de mi, quiero hablar de cómo podemos encender el deseo en todos los que nos escuchan en cambiar el status-quo y que todos nos ayudemos y comprometamos a crear un impacto positivo. Cada uno lo que pueda. Pero que avancemos. Siempre centrándonos en el PROGRESO y no en la PERFECCIÓN.
No somos espectadores del planeta, somos parte del sistema. y cuando lo entiendes de verdad, el impacto deja de ser una opción y se convierte en una responsabilidad.
Creo profundamente que estamos en un momento de decisión. El tipo de liderazgo que ejerzamos hoy definirá el mundo que heredarán las próximas generaciones. Y si algo quiero dejar como legado, es la prueba de que se pueden hacer negocios y crear empresas con conciencia, con impacto y con humanidad.










